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Mostrando las entradas etiquetadas como Stories

Shang-Tze

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Shang-Tze La primera mascota felina que tuvimos fue un tigre. Shang-Tze, un viajero sin rumbo había venido cargándolo desde que llegó a México. Evidentemente, los primeros cuestionamientos que me hice fueron ¿cómo era posible que alguien hubiese ingresado al país sin ser descubierto con tal fauna? Y más aun, ¿no era acaso demasiado riesgoso llevar entre las pertenencias a un animal de ese tipo conociendo su naturaleza salvaje? Shang-Tze, que hablaba un poco de español, trató de relatar su llegada clandestina en uno de los barcos de carga desde su país. Conforme platicaba, en un español poco entendible, llegué a comprender que él había salido ilegalmente y del mismo modo buscaba establecerse en algún lugar del mundo que no fuese su misma patria. Por algún designio de la suerte a su favor basado en su animal del calendario chino, o algo así logré entender, Shang-Tze confiaba en que tendría éxito y se alentaba así mismo. Confiando en esa ilusión logró burlar cercos, huir sin ser perse...

Mérida

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Mérida Aquella mañana, la visibilidad en el camino era limitada. Al salir de casa y caminar sobre el césped, se podía observar cómo quedaban impregnadas las gotas de rocío sobre la superficie de los zapatos sin lustrar. La piel oscura del calzado absorbía la humedad y había una sensación de frío en los dedos de los pies. A lo largo del camino, mientras caminaba a prisa para llegar antes del toque del timbre de la escuela, la neblina opacaba su visibilidad. Sentía la humedad en su rostro. Pequeñas partículas de agua se adherían a sus pestañas y sobre el vello que crecía en sus brazos. Leyó el tiempo en su reloj de pulsera y se apresuró cuando ya quedaban tan sólo un par de minutos para el toque de entrada. Al llegar saludó a Rossy que siempre le sonreía y le recordaba nuevamente que debía ser más puntual, algo que jamás pudo ser. Al llegar al salón, ya estaban muchos de sus compañeros. Jota, como la llamaban todos, estaba junto a la ventana. Tenía la mirada puesta en algún punt...

Ascenso

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Ascenso Despierto. Desconozco la hora. Al parecer comenzó a llover hace muy poco tiempo. Volteo a la izquierda y a la derecha para notar que al lado están todos. Ellos siguen durmiendo. Levanto la vista al cielo. Al hacerlo, la llovizna hace que parpadee y cierre rápidamente mis ojos. El agua de lluvia está fría. Todos empiezan a despertar y se sorprenden por la lluvia. No sabemos la hora, ninguno. Deben de ser tal vez las seis. La lluvia comienza a ser más intensa. Todos nos levantamos y comenzamos a guardar las bolsas para dormir. Estamos al aire libre y buscamos guarecernos pero no hay lugar que nos pueda cubrir de esta lluvia. Comenzamos a movernos más rápido. Todos queremos huir. Buscamos los impermeables entre las mochilas y tratamos de refugiarnos bajo unos árboles pero poco podemos cubrirnos. Aguardamos. Seguimos esperando que la lluvia disminuya para poder avanzar. Debían de ser las seis cuando nos despertamos todos, a juzgar por la claridad de la mañana, deb...

Borrachera

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Borrachera Primero sonó el poc poc de las botellas al abrirse y le siguió el din din de las corcholatas al golpear el concreto. Salud. Salud. Salud. Salud. Salud. Salud. Salud. Salud. Ocho brazos alzados sosteniendo una botella, y un vapor casi invisible ascendía mientras todos regresábamos nuestro brazo para beber de la oscura botella. Un golpe diferido se escuchó sobre nuestra mesa y comenzamos a charlar. Saciábamos nuestra sed con la amarga combinación helada que llegaba a raspar mi garganta. Permanecí callado, viendo sudar de frío a mi botella; las gotas deslizándose, deteniéndose e invitándome a fijar mi mirada en ellas. Trago a trago terminé mi primera cerveza. Pasaron cinco rondas, luego la sexta, y la séptima fue por mi cuenta. Estuve a punto de la incontinencia pero reaccioné a tiempo. Antes de que la octava ronda fuera servida, regresaba un poco tambaleante y veía el suelo un poco alejado de mí. — ¿Qué dicen? No, yo ya me voy. El techo se está descascar...

Cuento para Loise

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Cuento para Loise Loise era una niña con los cabellos más hermosos que pudieran existir en la cabeza de otras niñas. Tenía una cara angelical y sus ojos café oscuro vislumbraban una magia infantil muy agradable. En su boca podían verse todavía algunos dientes de leche que comenzaban a aflojarse y a crear molestias en las encías de la niña. Estaba un poco chimuela pero su sonrisa encantaba a quien accidental o intencionalmente la veía. Su mundo era un sueño en el que había vivido por más de cuatro años. Ella disfrutaba, como todos los de su edad, entretenerse jugando desde la mañana hasta la noche, cuando su cuerpo agotado se quedaba tirado en la cama como abandonado.  Loise siempre platicaba con las piedras, con los insectos y las aves; con las paredes, con las camas y las almohadas; con los roedores, con los perros y los gatos; con el cielo, con las nubes, con las estrellas y la luna; pero sobre todas las cosas platicaba con su amigo Jitomate: el de la cara de limón y los ...