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Mostrando entradas de 2016

Ser madre

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Ser madre Debe de ser difícil ser mujer. Hay tantas cosas que nosotros los varones no entendemos de ustedes. No entendemos la forma de ver los colores. Tampoco sabemos a qué se parece su tristeza, su alegría o su llanto. Pero creo que hay cosas mucho más complejas de entender. Y creo, sin duda, que la más difícil de ellas es ser madres. Cuando vas a ser madre Cuando no eres madre te importa simplemente ser mujer. Tus prioridades son sobre ti, sobre el cuidado de tu persona: llevar unas bonitas zapatillas, un bolso que combine con éstas, el vestido bonito que por fin lograste encontrar a tu medida y que puede combinarse con muchos accesorios incluyendo la bolsa y las zapatillas. Pero quizá en tu cabeza ya se alberga la posibilidad de ser la tierra fértil para un pequeño ser. Y puede que imagines a ese pedacito de carne dentro de ti. Aunque a decir verdad, es tan sólo una idea y ésta va y viene.  Pasa el tiempo. Las cosas cambian. Hay dentro de ti algo que nuevamente

Votos para una esposa

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Votos para una esposa Todavía yace en mi memoria aquella ocasión en que te conocí. Está de más la descripción. Sólo diré que estuve atento a tus pasos y te seguí con la mirada hasta que estuviste casi frente a mí. Después perdí tu rastro por un día y luego por semanas, meses y años. Hasta que nuevamente nos cruzamos por alguna circunstancia desconocida y estuvimos esta vez frente a frente. Yo con los latidos acelerados y la transpiración imparable que emanaba por todos mis poros. Entonces hablamos y caminamos desde muy temprano hasta muy tarde. Aquello fue nuestro comienzo. Con el paso del tiempo nos permitimos conocernos. Seguimos conversando interminablemente sin querer dejar un solo tema sin discutir. Imaginamos, proyectamos y regresamos nuevamente a nuestro presente en cada uno de nuestros encuentros. Nuestros pasos iban ligeros, lentos, cuidando cada uno de nuestros movimientos. Hasta que decidimos que las circunstancias debían tornarse distintas y debíamos estar más tiempo

Mérida

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Mérida Aquella mañana, la visibilidad en el camino era limitada. Al salir de casa y caminar sobre el césped, se podía observar cómo quedaban impregnadas las gotas de rocío sobre la superficie de los zapatos sin lustrar. La piel oscura del calzado absorbía la humedad y había una sensación de frío en los dedos de los pies. A lo largo del camino, mientras caminaba a prisa para llegar antes del toque del timbre de la escuela, la neblina opacaba su visibilidad. Sentía la humedad en su rostro. Pequeñas partículas de agua se adherían a sus pestañas y sobre el vello que crecía en sus brazos. Leyó el tiempo en su reloj de pulsera y se apresuró cuando ya quedaban tan sólo un par de minutos para el toque de entrada. Al llegar saludó a Rossy que siempre le sonreía y le recordaba nuevamente que debía ser más puntual, algo que jamás pudo ser. Al llegar al salón, ya estaban muchos de sus compañeros. Jota, como la llamaban todos, estaba junto a la ventana. Tenía la mirada puesta en algún punt